El Benimaclet conFusión festival no quiere ser un mero evento artístico-cultural sino pretende ser un canal de difusión, defensa y práctica de valores tales como el sentido de comunidad, el compartir, la integración entre diversos, la libre expresión y la creatividad. Valores, seguramente intrínsecos a todo ser humano pero que corren el riesgo de perderse en la confusión de hoy en día.

El festival quiere ser una plataforma de encuentro y diálogo abierta a todas las personas, una posibilidad para quien quiera comunicar algo y un estimulo para quien esté dispuesto a escuchar.

No hay comercios involucrados directamente y no hay cuotas de pago por el medio porque el fulcro deben ser las personas y su potencial, sin la necesidad de vender o poner precios.

Se trasforman las casas y las calles en escenarios de múltiples disciplinas que se entremezclan y se confunden para generar una exageración de propuestas que lleva al límite la necesidad de elección frente a todo a lo que conforma el día a día.

Se busca hacer posible lo imposible, enseñar que las cosas pueden funcionar también de otra manera y finalmente ir más allá de lo normal a lo que estamos acostumbrados.

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Vivimos una época de crisis donde todos nosotros, seguramente, representamos las generaciones más culturizadas y al mismo tiempo más frustradas de toda la historia. Pasamos años estudiando, trabajando, aprendiendo y todo a cambio de una vida que no siempre repaga nuestros esfuerzos. La situación de precariedad e incertidumbre en la cual vivimos puede minar nuestra moral y alejarnos de los demás. Es muy común confundir el valor de una persona con el éxito económico o la posición en la sociedad. Este error fácilmente lleva a no creer en sí mismo, a olvidar los propios sueños, a competir por algo tal vez no tan importante, a encerrarse, a tener miedos.

Sin embargo, simplemente por ser seres humanos, seres tan complejos que pueden pensar, sentir emociones, comunicar, crecer día tras día, tenemos todos en enorme potencial: nosotros mismos. Y eso es algo que nadie nos puede negar. Detrás de cada vida se esconde un mundo tan especial y particular que valdría la pena explorar porque seguramente nos enseñaría algo nuevo. Todos somos únicos y extraordinarios. Todos tenemos capacidades, dones y conocimientos, distintos sí, pero todos valiosos. Si no nos compartimos, si no nos abrimos al prójimo, ¿qué sentido tiene nuestro paso?

¿Con fusión o confusión?

El cambio existe y es inevitable. Todo cambia, desde la política y la economía hasta la moda y las convenciones sociales. Incluso, cambian nuestras amistades, cambian nuestros familiares, cambiamos nosotr@s mism@s, biológicamente, inconscientemente, ineludiblemente. El cambio es el tiempo que pasa, que transforma, por el simple hecho de ser un río que fluye y que no se puede parar.

Oponerse al cambio, tal vez, no tiene mucho sentido y menos aún en un mundo global y tan complejo como el de hoy, cuyas dinámicas se nos escapan dejándonos incapaces de comprender y controlar la mayoría de los advenimientos de nuestra vida. Aceptar que las cosas no son como eran y nunca serán como son no es un acto de rendición sino de emancipación, desde el cual decidir si ser parte pasiva o activa del cambio que vendrá. Podemos conformarnos con ser como hojas arrastradas por la tormenta o concienciarnos para ser como veleros capaces de orientar nuestras velas en el viento.

Hacia dónde ir, y más aún con quién y cómo, es el reto que nos espera enfrentar.

Respetando el barrio

Hablar de Benimaclet es hablar de algo más que un barrio de Valencia, es hablar del lienzo sobre el que se expresan los valores de sus habitantes y en, nuestro caso, es el instrumento con el que se entona la melodía confusa. 

Es mucho antes que un punto de encuentro de formas de expresión imaginables e inimaginables, un pedazo del mundo donde confluye gente tan próxima y tan lejana, seres humanos de tantos ‘cuándos’ de la vida y tantos ‘dóndes’ del mundo, pero ante todo con ‘buenos días’ para regalar, y sonrisas de sobra en la reserva para esbozar y ofrecer.

Por eso lo que ocurre en Benimaclet en días confusos es especial y merece trato especial. Merece que entre todos prestemos suficiente atención y tengamos cuidado de que el lienzo luzca blanco y su expresión sea nítida y definida. Que sea todo y cuanto atraiga nuestro ojos en el afán de disfrutar contemplando, sin manchas, sin borrones ni suciedad que pueda perjudicar esta obra que elaboramos entre todos, entre visitantes y vecinos. Que el arte sea todo sin dar lugar a la suciedad.

Valorando el arte

El Benimaclet conFusión festival no vende entradas y todo el público puede acceder a todos los espacios y a todas las actuaciones libremente y gratuitamente.

Sin embargo, eso no significa que todo lo que se ofrece durante el evento no tenga valor. Al contrario, exactamente porque todo se da y se comparte sin esperar nada a priori, cada detalle se carga de una riqueza mucho más profunda.

Si en nuestra sociedad la tendencia es poner un precio a todo, el conFusión se ha organizado saliendo de otras premisas. Quiere enseñar que colaborando todo puede ser igualmente posible e incluso más bonito.

No obstante, es clave darse cuenta de que la organización para montar este festival trabaja, desde Mayo, muchas horas cada día. Los artistas llevan una vida aprendiendo, ensayando y perfeccionando su técnica para poder realizar y enseñar sus obras. Los espacios que se abren necesitan una preparación y un acondicionamiento previo además de tener gastos.